Al principio pensé que un fin de año en Canarias era la mejor opción. Mientras los demás pasaban más o menos frío, yo incluso podría darme un chapuzón fresquito en la playa. Pero a pesar de la gran atracción que ejercía la temperatura, el teide y las papas arrugadas, mi bolsillo dijo que nada de Canarias, que mirara algún vuelo barato que me permitiera no pasar un Enero, Febrero y Marzo a macarrones y pechugas de pollo.

Así llegué yo, acompañada por un hermoso ejemplar masculino (je je), a Bruselas un 27 de Diciembre, con un frío que parecía acuchillarme la cara (única parte de mi cuerpo en contacto con el aire), pero con 5 días de vacaciones por delante al fin y al cabo. 2 noches en Amberes y 3 en Bruselas. Desde el primer momento tuve la sensación de que a los Belgas les cuesta sonreír, no a todos, por supuesto, pero si a la mayoría de los que nos cruzamos por el camino. También descubrí que a los de la parte flamenca no les gusta mucho que les hablen en Francés (y yo que quería despuntar en este viaje… me quedé con las ganas).
Amberes es el centro del diamante de Bélgica. Impresiona ver toda una calle entera llena de joyerías con escaparates llenos de indecentes cantidades de oro y diamantes. Pero más impresiona cruzarte con judíos por la calle (con su largo abrigo negro, sus barbas infinitas, su sombrero y sus rizitos a los lados de la cara). Olor a gofre caliente por todas partes abre el apetito a cualquiera. Abundan los restaurantes sobre todo italianos.

Amsterdam es la gran joya de este viaje. Me la imaginaba distinta, quizás por informaciones que me habían llegado de otras personas. Esta ciudad es simplemente maravillosa! No sólo es bonita, agradable para pasear, y dar una vuelta. Me dio la impresión que la gente tiene una mentalidad muy abierta, sin apenas prejuicios, no sólo porque las prostitutas se exhiban en escaparates ni porque el hachis y la maría sean legalmente fumables, es algo más. Recomiendo el “Café Backstage”, propiedad de Mishia, un tio super agradable, que nos hizo pasar una buena tarde entre varias cervezas!

Y por fin llegamos a Bruselas! La Grand Place, que es el centro neurálgico (o neurológico ;-) ) de la ciudad, es simplemente impresionante! Tanto de día, como con la iluminación de la noche. En contra de lo que yo pensaba, hay muchísimos turistas, así que damos un paseo por la ciudad, nos alejamos del centro, y recorremos las calles tranquilamente. Quien dijo que Bruselas es feo, miente. O al menos a mi me gusta. El atomium, que está algo apartado del centro merece la pena ser visto, aunque sólo sea por fuera, es algo espectacular de ver. También está apartado el museo dedicado a René Magritte, en la que fuera la casa donde vivió durante 24 años, su época, al parecer más prolífica. Magritte fue un artista surrealista belga, quizás poco conocido, pero absolutamente genial.

El día que decidimos visitar Brujas y Gante debimos quedarnos en el hotel. Hubo ventisca, nieve, frio (-5ºC, aunque la sensación térmica con el viento y la humedad era mucho mayor), pero aguantamos como dos “super cachas”!!! Las dos son ciudades pequeñas (Gante más grande que Brujas) y se recorren muy a gusto (sin nieve claro!). Las rebajas han empezado, así que aún con la climatología en contra hay mucho ambiente en la calle.

El fin de año en Bruselas fue algo decepcionante. Aquí no había campanadas, pero es que ni siquiera hubo ninguna señal que nos asegurara que habíamos llegado a las 00:00, ni un “clon”, ni un “pum” ni nada de nada, así que tuvimos que comernos las uvas a ojo. Al menos otros dos paisanos se arrejuntaron a nosotros y al menos tuvimos a alguien a quien abrazar aparte de a nosotros mismos!!! Tardamos en encontrar un bar fuera de los límites de la plaza. Quizás es que no conocíamos la zona y pecamos de turistas… Mejoraremos para el próximo año, seguro!

Bélgica es ante todo cívica, con una red de transporte infinita, eficaz y muy intuitiva. Me hubiera gustado quedarme más tiempo para poder conocer más el país y sobre todo a la gente, porque estoy segura de que tienen mucho más que ofrecer de lo que yo superficialmente vi. Bélgica es más que cerveza, mejillones y bombones! Aunque respecto al café, aún les queda mucho que aprender :-P
Habrá que volver en primavera, menos cargado de ropa!